sábado, 16 de febrero de 2008

DETRAS DE UN GRAN HOMBRE, La Sra de Obama hace honor al dicho popular.


Directa, decidida, divertida, corajuda y algunas veces sarcástica, Michelle Obama está jugando un rol determinante en la campaña de su esposo, que ha tenido una serie de éxitos, incluyendo la cadena de victorias del martes en Maryland, Virginia y el Distrito de Columbia. Su estilo personal —franca, cómoda en las trincheras y a menudo más abrupta que su esposo— le va bien a una parte del electorado y ha contribuido a fortalecer la campaña, permitiendo a la vez a Obama permanecer ajeno a esas cuestiones.
“Estoy tratanto de ser tan auténtica como pueda”, dijo Michelle en una entrevista. “Mis discursos vienen de mis experiencias, mis observaciones y mis frustraciones”.
La señora Obama dice que no le gusta la política, insiste en que no habrá segunda carrera por la presidencia si su esposo fracasa esta vez, pero favorece una buena batalla.
Al principio, Michelle tenía dudas importantes sobre la candidatura de Obama.
Presionó a los asesores para que le dijeran cómo se recaudarían fondos y se competiría con Clinton y otros candidatos. Dio su aprobación luego de ver un plan concreto en una reunión a finales de 2006.
Ahora está involucrada en casi todas las facetas de la estrategia de campaña, siempre como implacable protectora de la imagen de su esposo. Aunque raramente viajan juntos, ella está en contacto con asesores clave y su mensaje es afinado por los mismos estrategas que asesoran a Obama.
Habiendo crecido en Chicago, recuerda su hermano Craig Robinson, a Michelle no le gustaba ver juegos cerrados de basquetbol. “No le gusta el estrés de observar”, dijo Robinson, entrenador de basquet. Pensando un momento en la campaña, añadió: “Es mucho más difícil ver a Barack en la contienda que a mi propio equipo. Es mucho más difícil ver a alguien que amas en un juego cerrado”.
Muy alta, con sus zapatos de tacón, Michelle, de 44 años, luce atlética y autoritaria. Es una abogada graduada en Harvard que ganaba 212 mil dólares al año como ejecutiva hospitalaria, antes de tomar un receso, el 1 de enero. Da discursos de 40 minutos sobre temas relevantes como los errores específicos del acta educativa o la estrategia militar en Irak, sin contar con la ayuda de una sola nota.
A veces ha dejado a la gente esperando para telefonear a sus dos hijos; y también ha enfrentado altibajos. En ocasiones sus discursos han sido considerados inapropiados y ha tenido que aprender a contener su a veces agrio sentido del humor, porque muchas veces deja a Barack en la línea de golpes (como cuando dijo que su marido olía mal por las mañanas).
A menudo, Michelle describe su vida a las audiencias en términos de combatir la cultura de las bajas expectativas que confrontó “una pequeña niña negra” del sur. “No se suponía que yo tuviera una carrera exitosa. Dicen que mi logro debe haber sido el resultado de preferencias raciales. Y ciertamente no se suponía que estaría parada aquí, tal vez para convertirme en la próxima primera dama de Estados Unidos”, dijo Michelle.
Al ser interrogada sobre el rol de la primera dama, Michelle dijo que lo veía como un trabajo de tiempo completo. Pero añadió que se reservaba el derecho de cambiar de opinión si es que llegaba a él.